¿Necesitamos seguir trabajando por la igualdad? Esa es la pregunta que queremos lanzaros este mes de marzo en el que, un año más, celebramos el día Internacional de la Mujer, una fecha que nos recuerda que sí, todavía queda mucho por hacer en materia de igualdad.

No queremos ponernos solemnes ni nada por el estilo. El objetivo de esta entrada es reflexionar sobre algunas situaciones cotidianas y cómo podemos lidiar con ellas para poder ir sembrando todas las semillas que necesitamos si queremos conseguir una sociedad en la que todos y todas tengamos los mismos derechos y oportunidades.

Porque, por mucho que digan desde algunos sectores, las mujeres y las niñas seguimos siendo tratadas de forma desigual, que no sólo distinta, de los hombres y los niños. Distinguir entre diferencia y desigualdad es básico para poder entender que la igualdad de género necesita de todos y todas para abrirse camino. Diferencia sí, pero no de las que establecen jerarquías.

Si todavía ves, escuchas, incluso piensas, cosas del estilo «Si es que el deporte masculino es mucho mejor que el femenino, no pueden ganar lo mismo, es cuestión de mercado» ó «Los hombres sensibles y que expresan emociones en público son más femeninos, amanerados o gays» ó «A las niñas se les da mejor por naturaleza lo social y los cuidados, está en sus genes»… bienvenido/a al club de «Vamos a ver si nos revisamos un poco como personas y como sociedad para avanzar en igualdad»

Para empezar, vamos con un poquito de humor con este vídeo de Nerea Pérez de las Heras para entender comportamientos que creemos que son feministas y ayudan a la igualdad, pero no.

 

¿Seguimos con algunas de las situaciones que a día de hoy nos toca presenciar o protagonizar? A ver si, siendo conscientes, vamos mejorándolas y conseguimos que toda esa desigualdad, en la que se basa y sustenta la violencia, vaya desapareciendo. Situaciones que parecen banales, pero no lo son. ¡Vamos a por algunas de ellas!

¡Ojo conductores y conductoras!, se acabó eso de «Mujer al volante, peligro constante» ni en broma. Ya sabemos que el volante nos despierta instintos tan básicos que no sabíamos ni que teníamos, pero vamos a terminar con los pensamientos y comentarios del tipo «A que es una tía la que me ha hecho la pirula». Que noooooo, que hay de todo entre los tíos, las tías, los mayores, los jóvenes. Prejuicios, caca, ya lo sabemos.

¿Y qué pasa con los regalos a los hijos/as, sobrinos/as, amigos/as, primos/as? Mira que nos gusta dejarnos llevar e ir a por el regalo que le pega porque es chica o porque es chico. Disfraces de princesas, vale, pero no sólo eso y, ¿por qué no compartir esos brillos, destellos, pintauñas y colores con los chicos? Que el rosa, es precioso para todos/as, que nos encanta ese color y lo queremos universalizar, igual que el resto de colores. Que los cuidados, la acción, la gestión de las emociones, el emprendimiento e iniciativa podemos educarlos desde pequeños/as jugando. No les dejes sin la oportunidad de disfrutarlo; arriésgate o, al menos, vamos a ser críticos con nuestros comportamientos y con lo que vemos. ¿Que tú no diferencias? Venga yaaaaaaaaa.

 

¡Y la ropa…! Aprendamos que la moda entra dentro de esa parte cultural que aprendemos y que nos propone la sociedad. Venga, un poquito de alegría y variedad. ¿No nos gusta la diferencia? Pues vamos a hacer gala de ella. Vamos a dar rienda suelta a la imaginación y a vestirnos con ropa que nos haga sentir cómodos/as, pero, sobre todo, con la que nos identifiquemos. Que las modas, ya sabemos cómo van y a Felipe V le encantaban las pelucas sin ser trans.

 

Pongamos en valor el trabajo social e históricamente feminizado: los cuidados. Sabemos que son parte importante de la economía de un  país; sabemos también que son imprescindibles para el sostenimiento de la sociedad; y tenemos la certeza de su importancia a nivel de relaciones, salud psicológica y emocional y para mejorar como individuos. ¡Qué suerte tenemos las mujeres que este trabajo recaiga prácticamente de forma exclusiva sobre nosotras! O no…, porque su desigual reparto, revierte en nuestro desarrollo profesional y personal. Por eso creemos que ya va siendo hora de compartirlo con vosotros, los hombres. Para que lo disfrutéis, para que seáis más libres, para que empecemos a valorar entre todos su importancia, para que cualquiera pueda pedir reducción de jornada por cuidados sin que le miren como un bicho raro… Porque cuidar es gratificante, pero también muy costoso y de eso hay que ser conscientes. ¡Ah! y cuidadito con los chistes tipo «mi mujer sube a tender y el globo tiende a subir» los de «las suegras» o todos esos comentarios machistas que nos salen «sin querer».

Dignifiquemos el trabajo de la mujer, no sólo el de cuidados, todo, porque parte de la brecha salarial está en el escaso valor que le damos a lo que hacen las mujeres. Mismo empleo o trabajo con las mismas funciones pero distinta denominación, por los que se cobra diferente. ¿Quieres saber más?

Y vamos a terminar con una situación como ejemplo de muchas de las que hemos visto ahora y que a Wanawake le toca de forma muy directa por la importancia que el deporte tiene entre sus estrategias. El deporte femenino, ese ejemplo de invisibilidad, falta de reconocimiento del trabajo, situaciones de desigualdad, acoso, etc. Aquí voy a dejar que hablen ellas, las deportistas.

 

Nos dejamos muchas cosas, lo sabemos (lenguaje inclusivo, acoso, violencia, qué es el feminismo), pero no queremos alargarlo más y necesitamos más temitas para ir completando nuestro blog. Así que ya sabes, si eres del club «Vamos a ver si nos revisamos» coméntanos qué te ha parecido la entrada, qué situaciones has vivido o protagonizado y, sobre todo, coméntanos la importancia que le das a esa educación por y para la igualdad de todos y todas.

Porque, en este mes de marzo y durante todos y cada uno de los días de nuestra vida, vamos de la mano hacia la igualdad, sin que nos paren, empezando por nosotros/as mismos/as.

 

 

 

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